Uno de los vicios del lenguaje que en muchas ocasiones provoca problemas y, en ocasiones hilaridad es la anfibología. Más abajo verá usted por qué. El término ANFIBOLOGÍA designa una construcción sintáctica que por su imprecisión admite varias interpretaciones.
La etimología de la palabra nos indica que proviene del latín Amphibología, ambigüedad, y éste del griego amphíbolos, ambiguo, equívoco. De lo que se concluye que la anfibología es la falta de claridad en los enunciados, es el doble sentido de la palabra o frase, es la expresión que puede prestarse a interpretaciones distintas, es el texto que posee más de una interpretación.
En suma, con la expresión anfibología se hace referencia a un enunciado cuyo significado es confuso debido a la manera descuidada en que sus palabras están ordenadas, por lo que provoca más de una interpretación y… lamentables conclusiones.
Recordemos, como ejemplo clásico de anfibología, la contestación que el oráculo de Delfos dio a Creso, rey de Lidia, quien planeaba una guerra contra Persia. Hombre precavido, Creso consultó al oráculo acerca de lo que el destino le deparaba en caso de iniciarla pues quería tener la certeza de ganarla. La respuesta del oráculo le alentó a emprender la guerra contra Persia con la seguridad de alzarse con la victoria.
La respuesta fue la siguiente: “Si Creso emprende la guerra contra Persia, destruirá un reino poderoso”.
El pronóstico que escuchó le incitó a iniciar de inmediato la guerra. Muy pronto fue derrotado y hecho prisionero por Ciro, monarca de los persas. Como éste le perdonó la vida, Creso después escribió al oráculo una carta en la que se quejaba amargamente, dando a entender que lo habían engañado. Los sacerdotes de Delfos respondieron que el oráculo había hecho una predicción correcta, pues al fin de la batalla se había destruido un reino, tal y como se había anunciado. Al desencadenar la guerra, Creso destruyó un poderoso reino: ¡el suyo propio!
Ya trasladando esta historia a nuestra época, muchos de nosotros, para no fallar, ya no consultamos al oráculo pero, respondemos en muchas ocasiones igual que él, en términos confusos, ambiguos, poco claros. Respondemos en términos anfibológicos.
La ambigüedad con la que algunas veces nos expresamos se debe, entre otras cuestiones, al empleo incorrecto de los pronombres su y sus, así como al uso inadecuado de las preposiciones y del pronombre relativo que.
Veamos algunos ejemplos:
1.- En el concierto de rock encontré a Juan que estuvo animadísimo, ¿Quién estuvo animadísimo, el concierto o Juan?
2.- Los ticos le ganaron a los chapines en su cancha. ¿En la cancha de quién?
3.- Juan le dijo a María que trajera sus papeles. ¿Los papeles de él o ella?
4.- María fue al cine con Lucía y su marido. ¿El marido es de Lucía o de María?
En algunas ocasiones el doble sentido es utilizado para fines comerciales. En la propaganda de un almacén done se venden artículos para bebé se lee: Vendemos pañales para niños desechables.
Un negocio de enseres de natación anuncia: Albercas de plástico para niños con tapón de seguridad. Pero el que más me impresionó fue el que escuché el otro día en donde se anunciaban productos para bajar de peso: “Hay personas que tienen razones de peso para adelgazar”, haciendo de la ambigüedad un brillante juego de palabras.
Sin embargo hay otros, la mayoría, que se dan simplemente por descuido en la sintaxis, como por ejemplo el mensaje que apareció como anuncio clasificado en un diario del país y que decía: “Se solicita trabajador inútil sin experiencia”, no lo pude comprobar, peo me imagino que, dada la confusa redacción, nadie se presentó a solicitar el empleo por temor a ser considerado improductivo o inservible.
Lo preocupante es que, muchas veces, el receptor no logra descodificar con éxito el mensaje anfibológico. Si no, observen el siguiente encabezado periodístico que e publicó hace menos de un mes en uno de nuestros diarios: “Un campesino se voló la tapa de los sesos después de despedirse afectuosamente de su familia con un revólver”. ¿Usted lo entiende? Yo, le confieso que no.
Oro ejemplo apareció recientemente en un diario español y decía: “Más de 500 ataques a musulmanes de diverso calibre se han registrado en Inglaterra”. ¡Sin comentarios!
De los dos últimos ejemplos de anfibología que se transcriben a continuación, no se sabe si son producto de la negligencia del redactor o. Por el contrario, de su escrupulosa atención, para molestar a la persona receptora del mensaje: “El perro de tu hermano está enfermo” y “Vi en el mercado a tu hermana que estaba con su perro y aproveché para darle su collar”.
Conclusión: El expresarnos correctamente es un arte que debe ser cultivado y atendido con prioridad, pues las exigencias del mundo actual así lo requieren.
Hoy día, esta necesidad se hace cada vez más evidente, pues la comunicación es la base fundamental de cualquier relación, sea ésta social, económica, política o de cualquier índole.
Los invito a todos a que hoy, revisemos cómo nos expresamos. Recuerden que cuando una persona sabe expresarse, se le facilita dominar y salir airosa de cualquier situación.
Por: Licda. Ligia de Pineda
Dudas más frecuentes, No. 6.