Muchas veces nos sucede que, cuando redactamos, la obsesión por no repetir nos lleva a una situación más grave que la de cambiar una palabra por otra que no es precisa, y es cambiarla por otra que no tiene nada que ver. Se trata de los falsos sinónimos, palabras que algunos o muchos creen que significan lo mismo y pueden resultar, en el peor de los casos, antónimos, es decir, voces que expresan la idea contraria.
Sucede con preocupante frecuencia por ejemplo, con bimensual y bimestral. Bimestral es lo que ocurre cada dos meses, mientras que bimensual es lo que ocurre dos veces al mes. Aunque ambas tienen etimología parecida y el prefijo bi, que significa dos veces, expresan dos conceptos tan lejanos que, si una publicación es bimensual, aparecerá veinticuatro veces al año, pero si es bimestral, sólo aparecerá seis veces en el mismo lapso.
Veamos qué sucede con adolecer y carecer. Adolecer es “tener un defecto” o “tener una enfermedad”, siempre tener, no carecer, que es lo contrario: no tener. Cuando alguien escribe adolece de recursos, adolece de seguridad, adolece de medios, lo que quiere decir es carece de recursos, carece de seguridad, carece de medios, y expresado con el verbo adolecer sería adolece de escasos recursos, adolece de inseguridad, adolece de falta de medios.
Se ha extendido de tal manera el mal uso del verbo adolecer que hay quien no admite la corrección ni consultando la definición que da el DRAE: “Tener un defecto”. Por consiguiente, las personas pueden adolecer de neumonía, de jaquecas, de locura, pero no del corazón, ni de los pulmones ni de salud. El posible cliente de un banco adolece de falta de respaldo, pocos ingresos, escaso patrimonio, no de solvencia, ni de recursos, ni de ganancias. Una oficina quizá adolezca de goteras, calor excesivo, mucho ruido, pero no de luz, silencio o buena pintura.
En conclusión, para que usted acierte siempre con el uso de adolecer, tenga en cuenta que el complemento debe ser siempre un defecto.
Otro caso similar se da entre regular y deficiente… La regularidad es una virtud. Es bueno tener un funcionamiento regular del aparato digestivo, mantener un ritmo regular en competiciones deportivas… Regular es “lo que está ajustado a la regla”. Eso hace equívoco el uso del adjetivo regular en la escala bueno, regular y malo. Podría haber confusión. Usted me dirá que nadie confunde uno con otro, si tiene presente la escala bueno, regular y malo. Sí, pero si no tiene la escala en mente, y lee: Se hizo la inspección y se encontró que la oficina está regular, el lector se preguntará: ¿Ajustada a la regla y lista para ocuparla o deficiente? Y este deficiente, fíjese usted en la paradoja, es igual que irregular.
La lista se haría interminable. No es lo mismo bienal (cada dos años) que bianual (dos veces al año), ni curso (exposición de conceptos) que taller (aplicación de conocimientos); ni emboscar (camuflarse en el bosque) que asaltar (atacar por sorpresa) ni morir que fallecer. Este último verbo se recomienda sólo para referirse a muerte por causas naturales en personas de avanzada edad.
Así, que, siempre ¡cuidado! Con los falsos sinónimos.
Por: Licda. Ligia de Pineda
Dudas más frecuentes, No. 8.